jueves, 30 de septiembre de 2010

Una tibia brisa reposaba en la habitación
y todo era silencioso,
mis lágrimas caían como pequeñas notas
y se sentía frío por dentro.

No era odio, 
no era rencor,
simplemente eso, pequeñas notas.

Todo empesaba a tornarse blanco
y el llanto sabía dulce,
como una canción de cuna.

Adentro, en un pequeño rincón,
estaba una mariposa,
posada sobre una flor marchita,
tenía un ala rota;
y sobre ella un haz de luz.

Las notas cesaron
y sólo se escuchó el vuelo de la mariposa.

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