sábado, 9 de octubre de 2010

Matarte, ¿Por qué no?

Pensé una y otra vez, pero no podía sentirme mejor; y es que, después de haber probado tu escencia y escuchar tus lamentos, mientras el eco derrumbaba todo a su paso; miré a travez de la ventana y pude ver que la última vez que te maté, había sido más gratificante; sentir tus manos pálidas y el ardor de tu piel, ver esos cristales perforando tu ser, una y otra vez.
Pero esta vez, era diferente, sabía a musgo, no tenía ese aroma tan peculiar y los colores se desvanecían, mientras su voz se apagaba.
Logré sentirme mejor por un instante, pero al llegar a la puerta y darme la vuelta, sentí sus manos clavándose en mi pecho.
Terminé en el mismo lugar donde había empezado, ahí donde yacía su cuerpo.

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